La Tierra es un planeta del Sistema Solar que gira alrededor de su estrella, el Sol, en la tercera órbita más interna.

El cambio climático ha sido y sigue siendo uno de los temas científica y socialmente más discutidos. ¿Existe verdaderamente un cambio en el clima a nivel global? ¿Debemos realmente preocuparnos por la salud climática de nuestro planeta?

Lo primero que debemos tener en cuenta cuando hablamos de cambio climático es que el clima es el valor medio de las diferentes variables atmosféricas (temperatura, humedad, precipitación, etc.) durante largos periodos de tiempo. Es importante no confundir este concepto con el de tiempo atmosférico ya que, de ese modo, de entrada, evitaremos caer en el grave error de pensar que un determinado episodio o fenómeno meteorológico extremo (huracán, tornado, ola de frío o de calor) se debe al cambio climático. Afirmar, por ejemplo, que una ola de calor como la que hemos tenido en los últimos días en nuestro país se debe al cambio climático es una absoluta tontería.

El clima cambia y lo hace de forma natural. Desde que la Tierra es Tierra las oscilaciones en las condiciones atmosféricas promedio en los distintos puntos del planeta han sido la tónica dominante. Y lo seguirán siendo.

Entonces, ¿cuál es el problema? El problema surge hace unos 40 años. Los científicos se dan cuenta de que, pese a que estamos en un periodo interglaciar, la temperatura del aire en superficie experimenta un aumento claro en gran parte del planeta. Es decir, teóricamente deberíamos ir hacia un nuevo periodo frío y sin embargo las temperaturas no dejan de subir.

En 1988 se crea el IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático) en el que los más prestigiosos científicos, no sólo climatólogos, investigan y analizan las causas de este calentamiento global y su posible efecto en el clima del planeta. En su último informe (2007) se cifra en 0,74ºC el incremento medio de la temperatura en todo el planeta para el periodo 1906-2005. Este dato, a simple vista, parece poca cosa. Pero lo realmente inquietante es que repetida y consecutivamente se va batiendo el año más cálido. Así, 11 de los 12 años más cálidos corresponden a la última mitad del siglo XX, concretamente del periodo 1995-2006.

Esta tendencia es como mínimo muy preocupante. Es difícil que sea sólo fruto de la casualidad. De hecho, en este mismo informe el calentamiento global se define como inequívoco, inusual y de origen antrópico. ¿Por qué inequívoco? Porque, como acabamos de ver, los datos revelan un aumento en la temperatura a todas luces demostrable. ¿Por qué inusual? Porque el ritmo de aumento es elevadísimo, jamás visto, preocupante. Y, ¿por qué antrópico? Porque sólo si consideramos la acción humana, con todos los cambios que ha introducido sobre el planeta, podemos explicar un calentamiento que, de forma natural, no podría explicarse a menos que se hubiera producido un gran cambio que desconfigurara las características actuales del planeta (cambio en la órbita, impacto de un meteorito, movimiento de los continentes, gran explosión volcánica…).

La concentración de CO2 no ha parado de aumentar desde que se iniciaron las observaciones.

Y, ¿cómo hemos podido nosotros calentar tanto el planeta? Principalmente a través de la emisión desproporcionada de gases de efecto invernadero a la atmósfera, vinculada a la ingente quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural) que son el motor y la base del desarrollo industrial de las últimas décadas.

Los gases de efecto invernadero están presentes de forma natural en la atmósfera. De hecho, ¡son necesarios! Sin ellos el planeta sería inhabitable, ya que tendríamos una temperatura media de -18ºC. El problema es que hemos aumentado de tal manera su concentración que el «efecto abrigo» está siendo desmesurado.

El ritmo de crecimiento del CO2 es imparable. A día de hoy ya superamos las 394 ppm.

Uno de los gases más importantes y que más ha aumentado su concentración en la atmósfera es el CO². Desde hace más de 50 años en el observatorio de Manua Loa (Hawái) se registra su cantidad. Se ha pasado de 315 ppm (partes por millón) en 1958 a 394 en la actualidad.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿se trata del fin del planeta? Las posturas catastrofistas, a menudo sin el más mínimo rigor científico, han dañado gravemente la percepción social del cambio climático. El cambio climático es un problema real pero sus consecuencias aún son inciertas. Imaginar ciertos escenarios, más propios de películas de ficción, no hace más que alarmar falsamente a la población y restarle seriedad al asunto. No sabemos con certeza lo que implicará el aumento en la temperatura sobre el clima a nivel planetario, pero lo que sí sabemos es que el actual modelo económico y social no es sostenible. No lo es bajo ningún punto de vista. Las desigualdades sociales, cada día marcadas, la obsesión por un consumismo cada vez más irracional, la sobreexplotación de los recursos… La solución al cambio climático no es únicamente ambiental, sino que pasa por el cambio radical en nuestra forma de vida, en la concepción que tenemos del planeta y en la forma de ver y tratar a nuestros semejantes. Eso es precisamente lo que convierte al problema del cambio climático en un gran problema.