Cuando digo que mi objetivo es llegar a ser meteorólogo obtengo casi siempre la misma respuesta: «a ver si tú aciertas los pronósticos porque los de la tele se equivocan cada dos por tres». Esta afirmación tan popularmente repetida no es ni mucho menos cierta.

José Antonio Maldonado en TVE1

José Antonio Maldonado en TVE1

Las previsiones meteorológicas, sobre todo a corto plazo, han aumentado su precisión y fiabilidad enormemente en las últimas décadas. En la actualidad, la tasa de acierto se sitúa por encima del 90% para previsiones a 24 horas vista cuando a finales de los años 70 no llegaba al 80%. Sí es cierto que los modelos meteorológicos son aún prácticamente ciencia ficción a más de 4-5 días vista, aunque también han mejorado muchísimo en los últimos años.

Entonces, ¿por qué tenemos la sensación de que los hombres del tiempo se equivocan constantemente? Se me ocurren varios motivos:

1.- Tendemos a recordar el error y no los aciertos. Sólo nos acordamos del hombre del tiempo cuando se ha equivocado y no cuando hemos hecho bien en cancelar la excursión porque acabó lloviendo tal y como predijeron.

2.- Los factores geográficos son una dificultad añadida a la hora de elaborar las predicciones meteorológicas. Este aspecto tiene aún mayor protagonismo en nuestro país. España es un territorio muy accidentado, montañoso, con una costa recortada. En muchos casos se hace extremadamente complicado acotar en el espacio la posibilidad de que se produzcan los fenómenos meteorológicos (tormentas, nevadas, heladas…). Sólo estamos contentos si llueve o no llueve en la puerta de nuestra casa y eso es francamente difícil.

3.- No escuchamos o leemos los matices. Resulta más cómodo visualizar el símbolo en el mapa y sacar conclusiones categóricas (mañana lloverá) que atender a las explicaciones del hombre del tiempo. Las puntualizaciones de los meteorólogos son importantísimas. Por ejemplo: no es lo mismo posibilidad de chubascos (30-60%), probabilidad de chubascos (>60%) o chubascos (90-100%). Son igualmente importantes los matices espaciales (preferentemente en áreas de montaña, en zonas de costa…) así como los horarios (a primeras horas, sobre todo por la tarde, en las horas centrales del día…).

Si atendemos a todos estos detalles nos daremos cuenta de que sí, se equivocan, pero también aciertan mucho.