Posiblemente te habrás planteado por qué los típicos termómetros urbanos marcan casi siempre temperaruras muy por encima de los valores oficiales o los que comentan los hombres y mujeres del tiempo en televisión.

La verdad es que este tipo de termómetros lo único que marca bien, como mucho, es la hora. Y es que están diseñados e instalados de forma prácticamente contraria a las normas para medir la temperatura que establece la OMM (Organización Meteorológica Mundial).

A los meteorólogos lo que nos interesa es medir la temperatura del aire, de ese envoltorio gaseoso que nos envuelve. Así que para medir con precisión esa temperatura se deben seguir una serie de pautas.

Para empezar un termómetro no puede estar expuesto a la radiación directa del Sol. La coletilla “a la sombra”, esos famosos «40ºC a la sombra hoy en Sevilla», es en realidad una redundancia. ¡Claro que a la sombra! La temperatura se mide siempre a la sombra porque, si la medimos al Sol, el termómetro se calienta y ya no estamos midiendo la la temperatura del aire, sino la del termómetro. Los termómetros urbanos son negros. No hace falta ser físico para saber que el negro absorbe al máximo la radiación. Está claro que la “carcasa negra” del sensor de este tipo de termómetros se sobrecalentará alterándose así la medida.

Existen otras condiciones más exigentes, pero que no influyen tanto en el error en la medida. Por ejemplo se recomienda que el termómetro esté a metro y medio del suelo y sobre un suelo ajardinado de forma que se reduzca la irradiación del suelo.

Está claro que en pleno casco urbano es difícil evitar todas esas irradiaciones procedentes del asfalto y los edificios. Lo que es seguro es que no podemos sacar conclusiones meteorológicas de un termómetro que es negro y está a pleno Sol.

La temperatura se mide dentro de lo que los meteorólogos llamamos “garita” o “abrigo meteorológico”. Es una pequeña caseta de madera, pintada de blanco (para dispersar al máximo la radiación). Sus paredes son como de persiana, con listones en un ángulo de 45º que permiten que el aire circule libremente pero sin que lleguen a entrar los rayos del Sol. Las patas lo elevan ese metro y medio del que hablábamos antes, evitando así la mayor parte de la irradiación del suelo.